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Viernes, 03 Junio 2016 00:00

El consejero externo en la empresa familiar

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El consejero externo ayuda a la empresa a identificar tendencias o cambios en el entorno, trasladar experiencias de éxito de otros sectores, ayudar a evaluar la competencia y detectar puntos de mejora de la organización.

El gerente y el equipo directivo, involucrados como están en el día a día de la gestión, puede que, a veces, ello les impida tener una alta visibilidad y percepción de lo que está sucediendo en el negocio y de su evolución.

Son muchos los empresarios que cuando oyen hablar de consejeros externos piensan en grandes empresas que cotizan en bolsa y que disponen de varios consejeros independientes o externos en sus Consejos de Administración. No obstante, la figura de un consejero externo es de gran utilidad para las pequeñas y medianas empresas y no ya solo en el Consejo de Administración sino, y aún con más interés, en otro órgano de gobierno que, en mi opinión, es más operativo e importante para el buen gobierno de una empresa: el Comité de Dirección.

Un consejero externo aporta una visión más objetiva del negocio.
Cada vez más, las empresas están incorporando a sus consejos de administración o comités de dirección profesionales independientes ajenos a la organización. La figura del consejero o asesor externo permite que la empresa se beneficie de la aportación del conocimiento y la experiencia adquirida por el profesional en otros negocios y sectores. Asimismo, este papel de experto independiente, permite actuar al consejero como árbitro en situaciones de conflicto dentro de la empresa. La incorporación de asesores al Consejo de Administración, contribuye a dar una visión macroeconómica actualizada y un acceso a entornos colaborativos que potenciarán una perspectiva más global de sus actividades. Contar con el apoyo de consejeros externos ayuda a evitar disputas, sobre todo en el caso de empresas familiares. Además, la hace más atractiva para futuros inversores.
El consejero externo ayuda a la empresa a identificar tendencias o cambios en el entorno, trasladar experiencias de éxito de otros sectores, ayudar a evaluar la competencia y detectar puntos de mejora de la organización. O sea, es un soporte profesional y flexible, experimentado y complementario al del equipo directivo.
Las virtudes exigibles de un buen consejero externo son: independencia de juicio, lealtad y fidelidad hacia la empresa, diligencia en sus actuaciones y prestigio profesional reconocido.

La importancia de tener un Comité de dirección en la empresa familiar
El Comité de dirección se encarga de implementar la misión, visión y los valores de la empresa y diseñar la estrategia a seguir en los años próximos. Se encarga también del desarrollo y la gestión de equipos de toda la organización. También aprueba las decisiones de inversión y la asignación de recursos. Pero una de las funciones fundamentales del Comité de dirección es llevar las riendas de la empresa en todo lo relativo al seguimiento de las ventas y rentabilidad de los productos o servicios que ofrece. En definitiva, el control y análisis de los negocios de forma periódica que, en mi criterio y recomendación, debe ser de periodicidad mensual. El hecho de realizar una reunión mensual de seguimiento permite analizar y corregir desviaciones.
¿Existen profesionales externos con formación y experiencia adecuadas en el comité de dirección de su empresa? ¿Alguien evalúa cómo lo está haciendo el principal ejecutivo? ¿Tiene asesoramiento estratégico su empresa? Si ha contestado que sí a todas las preguntas, enhorabuena. Su empresa está funcionando de manera más eficiente, estable y es garantía de éxito a largo plazo.

El buen gobierno corporativo
En el ámbito de las grandes empresas todos los códigos de gobierno corporativo aconsejan que haya un número amplio y razonable de consejeros independientes en el consejo de administración. En nuestro país destacamos el Informe Olivencia y el Código Aldama y, a nivel internacional, la Recomendación de la CE 2005/162/CE o la norteamericana NYSE 303A Corporate Governance Standards. Estos mismos códigos establecen una serie de principios por los que se rige una compañía y que van desde nombrar nuevos directivos hasta establecer las líneas estratégicas que se van a seguir. No hace falta estar dentro del Ibex 35 para buscar la excelencia.
Las ventajas del buen gobierno parecen claras, pero eso no significa que haya que volverse loco ni montar un consejo de administración o comité de dirección a toda costa. De manera habitual, estas normas están indicadas para empresas de tamaño mediano, es decir, las que tienen más de cincuenta empleados, y son obligatorias para todas las que cotizan en Bolsa. A pesar de ello, las compañías más pequeñas no están exentas de hacer las cosas bien a pequeña escala.
No podemos olvidar que la plantilla de muchas micropymes está formada casi en exclusiva por miembros de una misma familia. Aquí, la exigencia de un protocolo que, entre otras cosas, ayude a evitar conflictos personales y regule el traspaso generacional, es muy aconsejable para asegurar su supervivencia.

¿A quién beneficia especialmente la figura del consejero externo?
A los accionistas e inversores de una empresa o grupos de empresa que desean tener un apoyo en un consejero externo de su plena confianza y a la Dirección General o Gerencia para tener un soporte en los principales temas y decisiones de la compañía.
De esta forma disponen de una visión a alto nivel del funcionamiento de la compañía. El gerente y el equipo directivo, involucrados como están en el día a día de la gestión, puede que, a veces, ello les impida tener una alta visibilidad y percepción de lo que está sucediendo en el negocio y de su evolución. La figura del consejero externo servirá además para abordar temas no habituales, como pueden ser el cambio de enfoque del negocio, el planteamiento estratégico de la compañía a largo plazo, decisiones de fabricar o subcontractar, redimensionamiento del negocio, compraventa y/o fusiones con otras sociedades, la creación de nueva empresa, etc. En general, cuando se quieren afrontar situaciones diferentes a las del día a día, donde se necesitan planteamientos de mejora o de ruptura en los que se esperan otros puntos de vista y soluciones distintas con las que el equipo no está habituado. En estos casos, el consejero externo aporta un valor adicional en la medida en que puede coordinar o llevar a cabo este tipo de proyectos con conocimiento pleno de la empresa, de su situación y de sus intereses.

 

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